Moverse no siempre implica grandes desafíos deportivos ni rendimientos extraordinarios. A veces, basta con caminar juntos, andar en bicicleta por el barrio, jugar en una plaza o simplemente salir a recorrer el entorno más cercano. Son esos pequeños gestos los que, sostenidos en el tiempo, construyen hábitos, fortalecen vínculos y generan bienestar.