Hoy priman los intereses energéticos, del complejo militar industrial e incluso la defensa a ultranza del sionismo israelí y sus influencias planetarias, que marca el tipo de política a seguir en materia de decisiones belicistas, por ejemplo. Todos ellos intereses que, más que favorecer la industria europea, genera miles de millones de dólares de ganancias a las empresas de armas de Estados Unidos y sus transnacionales energéticas.