Hablamos de ser personas, de no convertirnos en el ciudadano yankee, hijo de la tele, prepotente, ganador y saturado en grasas. Todavía podemos ser diferentes. La democracia aún no ha dicho su última palabra, y eso es lo que nos queda para vitalizarnos y ordenarnos para el bienestar civil, social, personal y humano; ante eso, no hay comercio que le compita.