Hoy, en Chile, la preocupación prioritaria de los educadores y, en particular, de los profesores de Filosofía, debe ser la restauración de la educación pública, porque es la única que puede alcanzar a la gran masa de los pobres e impedir la intensificación de la degradación de las nuevas generaciones populares que están en situaciones sin salida, sin refugio, sin socialización, sin dignidad.