Que toda esa retórica jurídica es papel higiénico para Israel lo comprueba el hecho contundente de que, al mismo tiempo que en La Haya los jueces togados con solemnidad emiten sus “órdenes”, el ejército sionista sigue masacrando a los palestinos, bombardeando los campos de refugiados, expulsándolos de sus tierras, en fin, llevando con cálculo y fría meticulosidad su genocidio colonial en el siglo XXI.