Ni siquiera el poder te tentó para dejar el rancho: en tu primer día como senador llegaste en moto, vestido de paisano. Y como presidente, despreciaste la alfombra roja, descartaste la corbata, el servicio doméstico, el dispositivo de seguridad, tuteabas a los reyes, donaste casi todo tu sueldo, y seguiste cultivando tus crisantemos.