Uno observa con absoluto asombro cómo las políticas de Washington están siendo determinadas por las payasadas de dos hombres desesperados, uno en Kiev y el otro en Jerusalén. Estos hombres, que en realidad dependen por completo del financiamiento y las armas suministradas por Washington, se sienten evidentemente libres de seguir políticas que están en contradicción directa con los intereses estratégicos del imperialismo estadounidense.