Un año de crímenes que ha devenido en un proceso evidente del carácter criminal del régimen nacionalsionista israelí, que se burla permanentemente de las leyes internacionales, de la carta de la ONU e incluso de las determinaciones de la Corte Penal Internacional referida a solicitar la detención del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y de su ministro de guerra Yoav Gallant, como criminales de guerra.